Jaime Bayly: Revelaciones a la distancia PDF Imprimir E-Mail
ACABA DE APARECER "EL CANALLA SENTIMENTAL", SU MÁS RECIENTE NOVELA, OBJETO DE POLÉMICAS INCLUSO Sample ImageANTES DE SER LEÍDA. BAYLY OFRECE EN ELLA EL REPORTE HONESTO DE SU AGITADA EXISTENCIA
"El canalla sentimental" no es una novela común. En un inicio puede confundirse con un cuaderno de bitácora, armado con textos rápidos, algunos divertidos, otros conmovedores. Escritos entre la lucidez y el cinismo, tomando prestadas a veces algunas de sus columnas periodísticas, posteriormente el libro va cohesionándose, y luego entendemos aquellos primeros textos inconexos como la información necesaria para acompañar tanto el recorrido como el deterioro físico de su protagonista, el escritor Jaime Baylys, compartiendo con el lector experiencias tan intensas como puede ser el reconocimiento de lo falsa que resulta la imagen televisiva, la reconciliación con su padre en su lecho de enfermo, la persecución de la que es objeto a manos de las mujeres más delirantes o todas las desilusiones y batallas que llegan a destruir la relación con su chico.

Jaime Bayly nos entrega una novela de sutil estructura, sin tramas ambiciosas. Más bien es el reporte honesto y obsesivo de la rutina de quien vive acostumbrado a saltar entre Miami, Lima, Buenos Aires y otros parajes menos habitados. Historias en las que, aparentemente, todo parecía perfecto y, de pronto, irrumpen malentendidos, crisis o brillantes escenas de asco que anteceden al caos. En suma: una novela que obliga a replantearnos lo que es una novela. Como en todo lo que Jaime Bayly escribe, "El canalla sentimental" plantea un nuevo juego de espejos entre su personaje público y su personaje literario, separados ahora solo por una letra 's' colocada al final de su apellido. "Nunca sé cuándo dices la verdad y cuándo estás mintiendo", dice el amante del protagonista. El escritor, sin embargo, señala que él sí sabe cuándo dice la verdad y cuándo miente en la vida real. "Pero cuando escribo sé bien que miento y lo hago a sabiendas, deliberadamente. Ocurre que siempre parto escribiendo de hechos reales, de cosas que me han pasado y dejado huella en mí, y luego, sin pensarlo, dejo que intervenga la ficción, la imaginación, y entonces al final uno, como escritor, ya no sabe con certeza cuánto de lo que ha contado es verdad y cuánto es mentira", dice el autor a través del correo electrónico, como acostumbra responder las muy pocas entrevistas concedidas a propósito de su más reciente libro. Y en esta ocasión, ha debido escribir sus respuestas solo con la mano izquierda, después de lastimarse el brazo derecho en el accidente en bicicleta sucedido la semana pasada en Madrid. "Es evidente que Jaime Bayly y Jaime Baylys se parecen muchísimo, pero la biografía sentimental que Bayly ha escrito de Baylys en los últimos cuatro años está llena de falsedades e inexactitudes", confiesa.

 


Hay textos en "El canalla sentimental" que resultan un verdadero elogio a la pereza. ¿Cómo resuelves esa Sample Imagecontradicción de defender la pereza y a la vez mantener varios programas de televisión?


Creo que la explicación parece contradictoria, pero no lo es. Soy básica, genéticamente un haragán, un vago, alguien que cultiva con deleite la pereza. Como soy un ocioso, sueño con retirarme y no hacer nada, vivir en una casa grande y leer y escribir y salir poco o nada y ver a muy poca gente. Pero para llegar a cumplir ese sueño, el de la vida reposada y sedentaria, el triunfo del perezoso sin culpa, tengo que ganar mucho dinero, ahorrar sin desmayo. Y por eso no me queda más remedio que trabajar como esclavo o mercenario de la televisión, saltando de una ciudad a otra cada fin de semana. Pero no lo hago por laborioso, sino porque el sueño improbable del perezoso retirado me da energías para ello. Y porque no conozco otra manera de ganar dinero.

 


El dinero y la complicada relación del protagonista con este es otro tema de la novela. Desde la tacañería más divertida hasta la incómoda situación de ser encarado por los más dudosos acreedores.


No tener dinero debe de ser una horrible desgracia. Sin embargo, tener mucho dinero sospecho que también genera considerables problemas y servidumbres. Lo peor es no tener mucho dinero, pero que la gente piense que lo tienes porque sales en televisión y escribes libros que venden más o menos bien. Esto es tremendo, porque entonces mucha gente te pide plata prestada o te propone entrar en la bolsa o te asegura inversiones muy provechosas. Y tú tienes que simular que eres muy conservador con tu fortuna, cuando en realidad no tienes dinero o tienes mucho menos de lo que imaginan. Yo creo que Borges tenía razón cuando decía que la gente más feliz es la de clase media, que no pasa apuros económicos, pero tampoco está llena de dinero y los problemas consiguientes que trae este. Es bueno saber vivir con austeridad y encontrar placer en cosas que no dependan del dinero, como montar bicicleta o mirar el mar o hacer el amor.

 


"Soy un rehén de la televisión, un esclavo de las señoras mayores", dice el protagonista. ¿No mina tu trabajo periodístico avisar a tus posibles entrevistados futuros que todo elogio para ellos será falso, que en el fondo muy pocos de ellos te interesan?


No lo mina. Al contrario, lo dota de valor y autenticidad, me hace más creíble y verdadero. Les estoy diciendo que no crean un solo halago de los muchos que les diré en televisión, que la naturaleza misma del encuentro en cámaras es falsa y que los elogios desmesurados que allí se dicen son parte de esa falsedad. Me parece justo advertirlo. De todos modos, es inútil. La gente siempre se cree los elogios y encuentra injustas y mezquinas las críticas.


Entre las muchas obsesiones del libro, hay una que puede ser el festín de un psicoanalista: la importancia de los pies. Y de los pies fríos para ser exactos, envueltos en tres pares de medias. Es un frío que en momentos aporta humor a la historia, pero que esconde, en el fondo, la soledad del personaje...


Esto no es ficción. Jaime Baylys siempre tiene frío, y en particular tiene frío en los pies, y a mí me ha pasado y sigue pasando lo mismo, aunque últimamente estoy algo mejor. Cuando me mudé a Buenos Aires hace unos años, hacía tanto frío que usaba cuatro y cinco pares de medias polares, lo que me obligaba a comprar unos zapatos gigantes, como de payaso. Pero ahora, que estoy bajo supervisión médica, uso solo dos pares de medias, lo que en Miami siempre genera burlas y espanto.

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Una parte imprescindible del libro es la reconciliación del narrador con su padre, ya enfermo. Incluso llega a lamentar lo que escribió sobre él en anteriores novelas. ¿Este libro te ha servido para reconciliarte con su memoria?


No lo sé. No sé si me he reconciliado con mi padre. Tengo una foto suya que me regaló mi madre y la he escondido en el clóset porque no puedo mirarla, me da rabia y tristeza, me deja malherido. Es verdad que pude despedirme de él, besar su frente, decirle que lo quería, pero también es verdad que no quisiera parecerme nunca a mi padre, al hombre atormentado y violento que fue, y cuando a veces descubro que estoy actuando como él, me da miedo y a la vez me hace sonreír, porque comprendo que hay un mandato genético del que no puedo escapar. Yo solo aspiro a ser con mis hijas un padre más tolerante, bondadoso, cómplice y amigable de lo que mi pobre padre, siempre tan molesto con la vida, fue conmigo.

 


¿Apoyaste la candidatura del actual alcalde de San Isidro por ser padre de un amigo tuyo o porque fue amigo de tu padre?


Por ambas razones. Pero principalmente porque es padre de un amigo mío al que ya no siento como amigo, porque me parece que me manipuló para que su padre ganase las elecciones. Ahora no estoy seguro de que hice bien en apoyar al papá de mi amigo solo por amistad. Una mañana de domingo dormía en el hotel Country y me despertó un concierto de música electrónica (a las siete de la mañana), antes de una maratón. Me pareció un atropello grotesco a los vecinos que no deseamos correr, sino dormir a esa hora en que la gente de bien suele dormir. Y que los que quieran correr, que corran, pero sin concierto previo de música deleznable que despierta a todo el mundo. Me quejé con el alcalde de San Isidro, le pedí que viniera al programa, pero no quiso, lo que me pareció una cobardía y una ingratitud. Lo menos que podía hacer es dar la cara y una explicación o unas disculpas, teniendo en cuenta lo mucho que mi programa ayudó a su elección.

 


¿Cómo definirías lo que llamas en tu libro 'la poesía incomprendida' de Tongo?


Tongo es mi amigo. Le tengo un cariño inexplicable. Siento que es un peruano ejemplar, admirable, que ha salido de abajo, que ha soportado cien mil humillaciones, que ha peleado obstinadamente por triunfar, que ha sobrevivido toda clase de naufragios, que ama a su familia, que ha triunfado contra viento y marea, que ha sido listo y avispado en hacerse el payaso bufonesco, en dejarse tomar el pelo y tocarse el culo, y que en el fondo es un tipo bueno, querendón, pícaro, condenadamente gracioso, que resume todo lo bueno y parte de lo malo que tenemos los peruanos, y que, en un país de pusilánimes y perdedores, ha logrado ser un ganador, un gran cholo ganador al que los pitucos admiran y cuyas canciones corean. Esto es notable y revelador. Tongo representa la movilidad social que hay ahora en el Perú, y es un feliz punto de encuentro entre lo pituco y lo popular, un espacio común en el que todos podemos reírnos o cantar sin importar los prejuicios o las diferencias sociales. Yo lo quiero como a un hermano.

 


En otro relato, cuando el narrador ve a bomberos frente a su casa, temiendo un incendio piensa: "Que se queme todo, menos las fotos de mis hijas y mi pasaporte". ¿Esas son también tus prioridades?


Mi vida son mis hijas y la madre de mis hijas, que es como mi hija. Ellas son las que gobiernan mi vida y a ellas las amo y amaré siempre, y todo lo que hago (o lo poco de bueno que hago) es para ellas, para que sean más felices. Y ellas serán quienes echen mis cenizas al mar cuando muera, porque son lo mejor que me ha pasado en la vida (y curiosamente me pasó de casualidad, sin quererlo). En cuanto al pasaporte, siempre llevo conmigo, y con mucho orgullo, mi pasaporte azul de Estados Unidos, que me hizo, si acaso, un hombre libre.

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¿Ese abandono higiénico del protagonista, esa costumbre de calzar zapatos viejos para entrevistarse con magnates de la tele es una forma de contrastar la impostura del medio televisivo?


No. No es algo calculado. No es una provocación o una pose. Es algo natural en mí. Me gusta usar ropa vieja, agujereada, zapatos con muchas calles y ciudades caminadas, ropa que lleva consigo una historia sentimental. No me gusta comprar ropa. Detesto ir a las tiendas de ropa, probarme ropa, suponer que una prenda nueva y cara mejorará tu vida. Yo soy feliz con la ropa vieja que me pongo todos los días, y en esto me parezco mucho a Jaime Baylys, que a veces repite calzoncillos dos días, para espanto de su amigo íntimo, adicto a la higiene.

 

Por Enrique Planas

Tomado de Elcomercioperu.com

 
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