|
[Publicado en Perú21 - Esther Vargas]
Está de moda salir del clóset. Pero, más que moda, el asunto es complejo porque no estás sola en el mundo. Dar a conocer tu opción sexual te obliga a encarar el tema con papá, mamá, los hermanos, la madrina, el padrino, los tíos, los amigos de la familia, los conocidos, los vecinos, los compañeros de la universidad, del trabajo y etc. personas que nada tienen que ver pero que siempre tendrán que ver, porque Lima es chiquita, chismosa, y más de un sapo ultramachista muere por alzar tus sábanas y ver qué haces y cómo lo haces. "¿Cómo sientes placer si tu pareja no tiene pene?", preguntan, convencidos de que tu media naranja va caminando por la vida con una prótesis nefasta como la de Máx Álvarez.
Susel Paredes, ex candidata al Congreso, abogada y lesbiana militante, opina que salir del clóset es una decisión personal, pero -sobre todo- la mejor forma de alzar la voz cuando pisotean tus derechos, te discriminan, te despiden del trabajo o te quitan a tus hijos (las madres lesbianas la pasan mal en el Perú, y aunque para un macho peruano no es muy viril pelear la custodia de los bebés con su ex mujer, que ahora ama a una mujer, la cuestión se complica y puede tomar el aberrante camino del chantaje).
"Está bien hijita, ¿qué le vamos a hacer?, pero no hay que publicarlo", dirá tu mamá. La tendencia es esa. Silencio o que nadie se entere, caleta nomás, solapa, tu bien lady. Pues algún día la careta se cae y, con las disculpas de rigor a papá y mamá, toca hacer frente a una verdad que puede dejar varios afectados.
En Lima y en el Perú, la homofobia ha pasado de moda; si por allí dices "aj, es lesbiana", "aj, es maricón" o "aj, cabro", quedas muy mal. La homofobia existe, pero en decibeles más bajos o "sutiles", según Susel Paredes. Mientras todo esto ocurre, muchas van saliendo del clóset con menos temor que en los noventa, cuando las mamis te podían aceptar, previa rogadera para que la parentela no se diera por enterada. "Solapa hijita, por favor", escuché muy cerca de mí.
La última marcha del Orgullo Gay tuvo como protagonistas a las lesbianas, todo un hito para la comunidad homosexual local. Las mujeres siempre han ido al final de la marcha, al costadito o con máscaras. Solapa nomás. Ese sábado -que Machu Picchu se hizo Maravilla del Mundo y que llegaron los restos de Néctar a Lima-, las lesbianas peruanas marcharon por las calles de esta ciudad para exigir VISIBILIDAD. En efecto, han estado invisibles durante años. Hoy todo indica que la tendencia es hacerse notar, sin estridencias y con un discurso claro. Una de las artífices de esta movida es Susel Paredes, entusiasta fundadora de la Asociación Civil LTGB-Legal, la cual agrupa a abogados homosexuales.
* * *
Hoy es el Día de la Visibilidad Lésbica. La atención está puesta en los damnificados; sin embargo, cada uno vive un terremoto personal cuando se encuentra en la disyuntiva de quitarse la máscara o disimular. Susel Paredes y las abogadas del LTGB-LEGAL están convencidas de que abandonar la invisibilidad trae consigo una serie de ventajas.
"Al presentarnos públicamente, rompemos el chantaje, acabamos con la angustia y disipamos el miedo", dice Susel, convencida de que miles de peruanas se mantienen invisibles por temor a perder sus hijos o sus trabajos.
Cuando Susel se hizo 'visible', lo primero que sintió fue un alivio inmenso. "Pude percibir que el peso del mundo salía de mi espalda. Le perdí el miedo a la opinión de los demás y recuperé mi libertad. Ahora me siento más fuerte y con más legitimidad para trabajar por los derechos humanos de la comunidad LTGB y, en especial, de las lesbianas. Ahora que pongo la cara ante los prejuicios y la homo/les/transfobia, me siento con energía para conquistar y exigir nuestros derechos".
* * *
Me despidieron de la noche a la mañana del nido donde enseñaba. Creo que uno de mis compañeros me vio con mi pareja y soltó el rumor. De pronto, me llamó la directora y cuestionó mi trabajo. Dijo que no me llevaba bien con los niños, pese a que laboraba allí seis años. Luego me dio a entender que mi conducta no era la mejor. Sentí vergüenza de defenderme.
Ana ha decidido callar. No quiere denunciar públicamente que fue víctima de discriminación sexual. Ahora ha decidido 'cuidarse', es decir, no salir mucho con su pareja, evitar muestras de cariño en la calle y demostrar ante el mundo que es más lady de lo que siempre ha sido. Ser lesbiana no significa tener la apariencia de un hombre. Hay muchas que son de lo más femeninas. Es cuestión de gustos. Ana pretende que nadie la 'descubra' otra vez, que este asunto no trascienda, que sus compañeras del nido la vean con algún 'novio' de pantalla, y así hasta que se les borre la idea de que ella es homosexual. Es una mujer invisible, como muchas que en este país han optado por pasar desapercibidas, caminando de puntas, sin hacer ruido. No hagamos tanta bulla, así estaremos en paz. Gran mentira. Fuente: Peru21 http://www.peru21.com/p21impreso/Html/2007-08-29/imp2sobresexo0776946.html |