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Así influyen los gays en la sociedad actual PDF Imprimir E-Mail

gay influenciaMucho se habla hoy de cómo la gente gay ha avanzado en los diversos terrenos de la vida social. Se celebra la identificación de personajes pertenecientes al colectivo LGBT (lésbicó-gay, bisexual y transgénero) en espacios públicos, igual que como reconoce la valentía, el trabajo o la notoriedad de un grupo especial de personas.


Sólo por citar algunos ejemplos, en el campo de la cultura podemos mencionar a Horacio Franco, flautista mexicano de talla mundial; en política, las legisladoras lesbianas Enoé Uranga y Patria Jiménez, quienes nos remiten al actual congresista estadounidense Barney Frank, y al supervisor de la alcaldía de San Francisco, Harvey Milk, a quien la revista "Time" califica como una de las 100 personalidades más influyentes del siglo xx. Debemos mencionar también al actual alcalde de Berlín, Klaus Wowereit, quien en la convención del Partido Social Demócrata Alemán declaró: ‘‘Soy gay y está bien así.’‘

En el mundo del comercio no faltan los productos de la escena gay que penetran en la corriente mayoritaria. Así, una serie de TV como "Queer as Folk" (versión USA) fué vista por millones de homosexuales y heterosexuales alrededor del mundo por medio de canales de paga como Show Time y HBO. La música típica de los antros gay conquista rápidamente las fiestas bugas (heterosexual en la jerga del ghetto gay mejicano), fenómeno que viene desde Village People, tema del que mucha gente no sabía que bailaba una canción sobre ligues entre hombres en el club deportivo YMCA de Nueva York, hasta el hoy conquistador de los primeros lugares de las listas, Placebo, trío roquero británico y amo de la androginia. Las carteleras teatrales están llenas de obras (de diversas calidades) que abordan o incorporan el asunto, y cuya crónica ha sido seguida en los textos compilados en el libro "¡Que se quede el infinito sin estrellas! La cultura gay al final de milenio", editado por la Universidad Autónoma Metropolitana. No hay sitcom (comedia de situación) norteamericano exitoso que no aborde, aunque sea por medio de un gag, la temática gay. Incluso, las telenovelas mexicanas han ensayado la fórmula, y en la TV por cable se discute el punto con los sexólogos Rinna Riesenfeld y Luis Perelman, y se hacen escenas de comedia al respecto en "Válvula de escape" y "Desde gayola", programas de Horacio Villalobos transmitidos por Telehit. Sin embargo, lo más interesante de este proceso no es saber cómo un conjunto de celebridades, de mayor o menor peso, se colocan ante la multitud. Mucho mayor interés reviste conocer la manera a que las personas con una sexualidad disidente logran vivir su vida y ocupan espacios sin ser señalados en razón de la misma.

En la historia no hay garantía de progresos lineales irreversibles. Si bien no puede afirmarse que la gente con una orientación sexual distinta a la heterosexual hayan superado la prueba de vivir libres de discriminación, existen ciertas muestras de un sostenido avance en todos los ámbitos de la vida social. Y a pesar de que el tema del respeto a las formas de la sexualidad humana ha ido emancipándose de la teología, la medicina y, finalmente, la psiquiatría, es aventurado afirmar que hayan llegado al deseable estado de normalización en todas las esferas de la convivencia humana. Incluso hay quien discute qué tan deseable es incorporarse a una sociedad deshumanizada y poco solidaria como aquella en la que se inscribe el movimiento LGBT.

No obstante, y parafraseando a Roberto González Villarreal en "Después de la liberación", como tal, el movimiento de liberación homosexual (concepto con el que se le conocía en su inicio) ya pasó. Hizo su planteamiento y logró sus metas iniciales, que giraban en torno a debilitar la resistencia de una sociedad convencida de sus normas, y a la visibilidad, ya que la primer arma de la sociedad cerrada es la negación de lo diferente. La fórmula de la exclusión podría rezar: "tú no eres así, sino que te comportas así porque eres pecador, enfermo o simple rebelde". La cárcel, el psiquiátrico, la terapia o la penitencia te devolverán a la ‘normalidad’. Hoy ya nadie cree en la superstición de la ‘normalidad’. La redada y la inédita resistencia a la misma en el bar Stonewall, del barrio Greenwich Village de Nueva York, marca el inicio del contemporáneo movimiento gay, en 1969. Desde entonces, cada junio en las ciudades más importantes se llevan a cabo actos que son una mezcla de marcha por los derechos y un acto festivo que celebra el nuevo estilo de vida y la ridiculización de los estereotipos. El mundo gay ha venido reivindicando una visibilidad a veces no deseada, como la de las películas "Cruising" con Al Pacino y "American Gigolo" con Richard Gere, donde al lado de la ilustración de ciertos momentos y espacios de la escena gay de finales de los años setenta y principios de los años ochenta presenta sus caras más sórdidas en torno a casos propios del cine policiaco. Más adelante la imagen mutó en películas de consumo comercial, como "Filadelfia" con Tom Hanks y Denzel Washington, primer testimonio fílmico comercial del servicio que el colectivo gay prestó a escala mundial en la lucha contra el VIH, mejor narrado en "And the Band Played On", una película de culto sobre la lucha contra el sida. Es preciso mencionar la cinta "In and Out" con Kevin Kline, que es el primer esfuerzo comercial no apologético ni referente a la epidemia del VIH, filme de Frank Oz que inaugura una innumerable colección del llamado cine gay en la década pasada.

Hoy, el movimiento LGBT se debate entre la consolidación de sus logros y el avance en una agenda que tiene mucho más de vecina con otras causas sociales que de proyecto estrictamente particular, como lo es la lucha por la no discriminación y la reivindicación de los derechos humanos y civiles de todos. En la ciudad de México, hasta hace no más de 30 años la convivencia gay era una práctica clandestina, sometida a la sospecha y a la persecución policiaca. Después de años de lucha, de pleitos ante las autoridades de las delegaciones, en menos tiempo del que en un comienzo se hubiera podido imaginar, se produjo algo más que cierto cese de la represión frontal por parte del gobierno: comenzaron a aparecer espacios diversos y alternativos.

En la actualidad, lo políticamente incorrecto es la represión, la discriminación y la exclusión, al grado de que la palabra homofobia, entendida como la aversión hacia las personas homosexuales, ha tomado carta de ciudadanía incluso en los medios de comunicación. La ‘redada de los cuarenta y uno’ en noviembre de 1901, de la que pueden encontrarse los relatos en los diarios de la época en www.los41.com, y sobre la que se han escrito diversos ensayos, como el de Carlos Monsiváis en la revista "Debate Feminista" de octubre de 2001 (Los iguales, los semejantes, los (hasta hace un minuto) perfectos desconocidos (A 100 años de la redada de los 41), marca la nota dominante del trato que la sociedad de la ciudad de México, la más tolerante del país, da a un todavía amorfo colectivo durante la mayor parte del siglo xx: la disidencia sexual no cuenta, en la práctica, ni siquiera con las garantías legales que todas las constituciones del México independiente han otorgado a su población. Así, en los años setenta, algunos gays, entonces llamados despectivamente con términos como ‘lilos’, se reunían en la cafetería de Hamburgo y Niza en el DF, al lado de parejas de novios, señores con sus secretarias y hasta familias. A determinada hora, no muy avanzada la tarde, según cuentan quienes lo vivieron en carne propia, de cuando en cuando aparecía la policía y cerraba el local para permitir la salida sólo a aquellos no muy sospechosos de su conducta, señalada en primer término por la compañía exclusiva de personas del propio sexo, hasta por los amaneramientos o la vestimenta. Todo terminaba con las multas o sobornos traídos por los amigos que habían corrido con mejor suerte.

Ahora se habla de una nueva generación de metrosexuales. Los estereotipos masculinos y femeninos, así como otras barreras del género, como los afeminamientos o la moda, pasan a segundo término. El dandy que fue Oscar Wilde a finales del siglo xix, el poeta maldito que fue Rimbaud, o los personajes como Tenesee Williams y Truman Capote, o en nuestro país, Salvador Novo o el grupo de Los Contemporáneos, con su propensión a hacer de su modo de vida una peculiaridad, van cediendo terreno a personas comunes y corrientes cuyo único aspecto en común es su orientación sexual.

Si bien en la actualidad coexisten diversas maneras de vivir como homosexual, desde el jovencito que, con todo y familia, celebra vestido de quinceañera su aniversario, hasta la pareja de profesionistas que viven juntos, pasando por el obrero que baila con travestis en cervecerías del centro de la ciudad; lo que domina es un proceso de superación del estereotipo. El "camp" (la resignificación de la realidad por medio del mujereo, de la ironía, del lenguaje en femenino y de la estilización al infinito, incluso de lo más trivial) pasa a ser un lenguaje de batalla necesario de otros tiempos, como lo fuera en el ghetto y la discoteca, pero ya no indispensable. Un buen número de los jóvenes urbanos que se identifican como gays hoy se hacen preguntas sobre su sexualidad de una manera más cercana a la de los heterosexuales, es el despertar de la pulsión y la pasión amorosas las que generan dudas, y no más la condición de freaks. Cada vez son más y más jóvenes los que pueden vivir su identidad homosexual o lésbica con el conocimiento, tolerancia y, a veces, el apoyo de sus padres. Hasta tocar con el muro de los clérigos. Como diría don Quijote, ‘‘con la Iglesia hemos topado, Sancho’‘.

El tema en los templos conserva su carácter de tabú, así que en ellos no se discute, se condena. Muchos gays son creyentes de las más diversas religiones, y si topan con alguna que les hace objeto de condenas, hacen abstracción mental del hecho. Una de las formas más depuradas de la homofobia es la que presentan los clérigos católicos. No es una fobia más, sino una que ha decantado sus elementos a través de cerca de 20 siglos de reflexión. Al recorrer las páginas del documento "Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales", signado en Roma en agosto de 2003, podemos advertir varios elementos que llaman la atención a pesar de que, como el mismo documento afirma en su primer párrafo, ‘‘las presentes consideraciones no contienen nuevos elementos doctrinales’‘. Es verdad que el ambiguo texto expone viejos argumentos de la doctrina homofóbica eclesiástica, pero los presenta de manera nueva. Una lectura rápida al documento muestra tres cosas fundamentales:

1. Un discurso melifluo donde los amorosos y tolerantes son los cristianos misericordiosos, dispuestos no sólo a atender a los homosexuales, sino que toma posición contra la discriminación y hace una invitación al perfeccionamiento espiritual. Cito el parágrafo cuatro: ‘‘Según la enseñanza de la Iglesia, los hombres y mujeres con tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta (…) Tales personas están llamadas, como los demás cristianos, a vivir la castidad.’‘

2. Un discurso premoderno en torno al tema, que ignora los avances contemporáneos (algunos de más de tres siglos) de la filosofía, la medicina, la psicología y la sexología, e intenta dar explicaciones ‘racionales’ a la homofobia con argumentos supuestamente filosóficos, antropológicos, sociológicos y jurídicos, para explicar el prejuicio, que es tal, porque no tiene ninguna base científica ni lógica argumentativa alguna. Es como ir a tomar clases de ciencia o de disciplinas sociales al templo. Llama la atención, además, cómo el documento cambia de tema constantemente y cree versar sobre el matrimonio homosexual de uniones legales entre personas del mismo sexo, sin hacer las distinciones necesarias.

3. El llamado a los legisladores en la parte final del documento es inédito y constituye el rasgo distintivo de este texto. Dice el numeral 10: ‘‘En el caso de que en una asamblea legislativa se proponga por primera vez un proyecto de ley a favor de la legalización de las uniones homosexuales, el parlamentario católico tiene el deber moral de expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra el proyecto de ley. Conceder el sufragio del propio voto a un texto legislativo tan nocivo del bien común de la sociedad es un acto gravemente inmoral (…) En caso de que el parlamentario católico se encuentre en presencia de una ley en vigor favorable a las uniones homosexuales, debe oponerse por los medios que le sean posibles, dejando pública constancia de su desacuerdo.’‘En realidad, este llamado es consecuente con las premisas del documento si se suma al hecho de que, para la moral católica, los creyentes deben obrar en la vida pública de acuerdo con lo que la moral privada les dicta. A eso le llaman ‘evangelizar la cultura’. Pero más grave aún es reconocerles a los clérigos el poder que pretenden. Los interlocutores no son ellos, sino los políticos que pudieran hacer caso del documento.

En Buenos Aires, Argentina, el 18 de junio de 2003, Marcelo Suntheim y César Cigliutti formalizaron ante la ley civil una unión que llevaba ya varios años. Este hecho es el primer precedente en América Latina de reconocimiento legal a las parejas del mismo sexo, el cual es bastante precario, por cierto, en el caso porteño, y el mismo asunto del matrimonio homosexual está en debate en diversas legislaturas, entre ellas, en la del DF. La diputada Enoé Uranga presentó con insistencia una iniciativa de ley para establecer en México las Sociedades de Convivencia. Ya los legisladores del PRD habían discutido el tema en la reforma al Código Penal en la Legislatura de 1997 a 2000. En ese tiempo, el entonces diputado David Sánchez Camacho logró otro reconocimiento legal importante: fue pionero en penalizar la segregación por diversos motivos, incluida la orientación o preferencia sexual, asimismo, cabildeó en la legislatura federal para que se reconociera el derecho a la no discriminación en el texto constitucional, reforma que pasó el 14 de agosto de 2001, y sugirió la tipificación de las prácticas discriminatorias a escala nacional, propuesta que sigue en el debate. Es en este sentido que el posicionamiento de los gays en la sociedad hoy en día se hermana a la lucha por la no discriminación de todas las personas.

La vinculación de la causa gay con la de los demás grupos expuestos a la segregación y el entendimiento del mismo colectivo de que su mejor argumento es el respeto a la dignidad humana, son factores que fortalecerán el surgimiento de la hasta ahora inexistente comunidad gay, derribando, al mismo tiempo, el ya inútil ghetto y la necesidad de notables o santones, para pasar a ser todos, simplemente, humanos.

por: Alejandro García Williams (México, diciembre 2003)

Fuente: Conozca Más

 
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